La implementación de la
Convención establece para la mayoría
de los países la necesidad de superar una
serie de debilidades institucionales que repercuten
negativamente en la oferta pública hacia los
jóvenes. Ante esta realidad que va desde un
inadecuado marco legislativo, escasez presupuestaría,
aplicación de enfoques limitados en las acciones
públicas e incluso una permanente marginalidad
política y técnica de los organismos
de juventud, nos exige asumir acciones correctivas
que fortalezcan la capacidad de los Estados para
responder con eficiencia a las tareas de implementación
de la Convención.
Para corregir
estas carencias la OIJ ha considerado fundamental
iniciar un proceso sistemático de estudios
nacionales, que establezcan con certeza las dificultades
y los cambios necesarios que se deben realizar para
alcanzar una correcta implementación de la
Convención.

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